Monestir de les Avellanes, un lloc on sentir el silenci


Desde el primer día que llegué al Monasterio de las Avellanes me fundí en él, nos hicimos uno, como dos viejos amigos que se unen en un abrazo. Desde un primer momento sentí sus muros, sus estancias, su paisaje como míos, y me hice en él y él en mí, formando parte de su día a día.

Allí en sus jardines, entre los árboles, en su comedor, en la habitación de la Casa de Espiritualidad donde dormía, en el zumbido contaste de las abejas, allí dejé mi silencio. Dejé de hablar para apreciar sonidos, voces que antes no había oído, dejé de escuchar solo con los oídos para oír a la gente, a la naturaleza, con el corazón.

Fui a domesticar mi tartamudez, convertir al tigre en un gatito de los muchos que vivían en el Monasterio. Fui a sentarme con ella de frente, con mis miedos, con la vergüenza que me acompaña desde que tengo uso de razón, por no querer como un padre al yo soy. El que yo soy.

Viví como un niño guiado por la mano de su maestro a cada sitio donde Josep me llevó, como la iniciación hacia la madurez de una parte de mi mismo. Cada uno de esos momentos impregnó mi corazón.

Mi tartamudez siguió la férrea disciplina que me impartieron, pero mi espíritu vagaba libre por todos los espacios de las Avellanes, fluía con la brisa de sus montañas, con el jugo de sus viñedos, con cada arco de su claustro, con el Cristo de su capilla, con cada desayuno en compañía de los hermanos. Toda mi vida se difuminó para vivir la realidad de cada momento de mi estancia entre vosotros.

Viví los congostos de esa tierra, visité las ermitas que son y las que fueron, me empapé de montañas y del agua de sus pantanos. Viví la Pascua Joven como si fuera mi primer encuentro con Jesús, como un Rafa nuevo que hubiera nacido allí. Sentí el eco de la campana que permanecía en alguna estancia en silencio como yo, esperando el momento de hacer oír su sonido, de llenar el espacio con la música que vive en ella.

Todo fue único, todo fue importante, todo me ayudó y me sirvió para seguir el camino. Pero si me pongo a pensar, si he de decir lo más importante de esos días, lo que mas me llegó, me quedo con su gente, con las personas con las que viví y compartí todos esos momentos.

La amistad constante de Josep, la risa y el abrazo de Teresa,  la historia del abuelo de Robert, que la viví como propia mientras me la contaba su nieto en un coche, el dolor callado de Pere, la simpatía de Manoli y Rosa. Sus manos tendidas.

…. Y los hermanos… compañeros de desayunos y comidas, compañeros de mi silencio, de su normalidad ante él.

Todos ellos llenaron el vacío de la palabra, uno acompañó en todas las comidas a mi ausencia, otro me contagió su entusiasmo por hacer, el que estaba a mi derecha me empapó de su serenidad…. Gracias también al hermano que me inundó el alma con su recogimiento, con la profundidad. Aunque él hablaba lo que más me llegó fue la dignidad de su silencio.

Al final de todo, como siempre, son las personas las que mas se alojan en mi corazón, las que están y las ausentes. Cada una de ellas construyó el Monasterio de las Avellanes dentro de mi corazón.

Yo llevé allí a mi tartamudez. Llevar vosotros de la mano la parte de uno mismo que queráis abrigar entre sus muros, o simplemente llevar a las personas que queréis. Si sabéis escuchar, si os paráis un momento en sus jardines o en cualquier rincón que lo envuelven, junto al zumbido de las abejas prestar atención a su silencio. El silencio de las Avellanes, y al escucharlo oiréis el sonido de vuestro propio silencio que os habla.

P.D. Si alguien quiere escuchar la historia del Monasterio de las Avellanes, él mismo cobija en la parte de arriba a su mejor narrador, todo rodeado de documentos y manuscritos. Buscarlo y él os llevara a aquellos tiempos que fueron, para después traerlos aquí, para que viváis el pasado del Monasterio y su historia como si en el  ahora estuviera sucediendo.

Gracias Josep, gracias a ti y a Teresa por darme lo mejor vuestro, por compartir conmigo esa tierra, sus sonidos, la historia escrita en cada una de sus piedras, y en la vida que brota alrededor de cada una de ellas.

Gracias Josep por tu amistad y por tu tiempo, por tu compresión para mi tartamudez, por estar y ser conmigo, y por andar a mi lado esa parte del camino que te lleva a crecer como persona.

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13 pensaments sobre “Monestir de les Avellanes, un lloc on sentir el silenci

  1. Sens dubte el Monestir de les Avellanes és un lloc magic.
    Sempre és tornar a casa.
    Gràcies amics Fina

  2. Bello relato … bello lugar … me quedo con la frase “al final de todo … como siempre … son las personas las que más se alojan en mi corazón” … Muchas gracias por compartir.

  3. El relato es impresionante, la persona que lo escribe lo es aún más, sus palabras lo definen. Su corazón es muy grande, su valentía admirable, su amor enorme, su humildad ejemplo a seguir. He conocido gran parte del monasterio a través de sus palabras, de su mirada y de su sonrisa.
    Doy las gracias por ponerlo Dios a mi lado de la mejor manera que lo podía poner, es mi hermano. Me siento orgullosa de él y le doy las gracias a cada uno de los que habeis compartido con él esta vivencia.
    Te quiero como eres…………… para mi único.

  4. H’estat tres vegades al Monestir i encara tinc un cap de setmana pendent que Josep em vol ensenyar no sé quina estrella…………………..

    Es cert es un indret magic que quan arrives et captiva, et quedes enganxada a l’entorn i la seva gent.
    Jo tambe agraeixo a Josep la seva companyia cada cop que h’estat i a la Teresa la darrere vegada.

    Gràcies a tots!

    Molts petonetsssssssssssssssssss

  5. desde el princio hasta el fin no dejare de decirte que eres el hombre de las palabras ritmicas y del verso sin igual que encontro la razon de ser en lo mas profundo de su ser……. tu lo sabes….

  6. Efectivamente son las personas las que se alojan en tu corazon, y eso lo sé mejor que nadie, mi buen amigo Rafa, sin ti y sin tus experiencias que las vivos con el mismo entusiasmo casi que tu, yo no seria la misma.
    Tienes un corazon dónde todos cabemos, estás ahi siempre, sé que has disfrutado en el monasterio, y me alegro por ello.Sé que te ha servido mucho ir, pero sé tambien que tu presencia tambien habrá sido importante para los que te has encontrado, estoy segura.
    Sabes que me siento orgullosa de ti y que te quiero mucho. Mi amigo del alma.

  7. Ver a Rafa en plan budista no tiene precio. Me alegro por tu experiencia. Bonito sitio!1

  8. Me siento alagada de que me menciones en tu escrito y feliz de formar parte del nuevo camino que emprendiste al visitar el Monasterio, te considero una persona luchadora y capaz de superar todo aquello que te propongas. Llegaste en busca de algo y mi deseo es que lo encontraras, ya que ese lugar para mi, es como mi segundo hogar, y además me transmite paz! 
    Esperamos que vuelvas pronto, te deseamos lo mejor con cariño.

    Manoli

  9. Manoli todos y cada uno de vosotros sois el monasterio, todos dejamos nuestra huella en él. Vuestra sonrisa cuando os encontraba por los pasillos era como un abrazo para mi. Recuerdo la historia que me contaste del Sant Crist y de su visita posterior.

    un abrazo

  10. Siento la gran espera, pero como bien te menté, tarde, pero mi respuesta llega.

    Me ha parecido una reflexión profunda y consistente, la gran cantidad de detalles sobre tus vivencias entre esa institución olvidada entre la

    falacia silenciosa que ocultan las colinas , y la manera como te vinculas al gran resonar que imparte “el silencio” en nuestras “silenciosas

    vidas”, es digna de admiración.

    Comparto esa visión que expones sobre lo que yo llamaría; “el amor al silencio”. Desde pequeño, (creo que conociste parte de mi pasado),

    sabes mi gran devoción por la música, y la dureza de vivir una vida “en silencio”, pero no por haber sido castigado por la “dama silenciosa”,

    uno debe taparse los oidos y dejar de escuchar “todo el resto” que se sume a su alrededor. La guerra es personal, se lleva dentro, y se lucha

    por mejorar día a día, a pesar que la gran mayoría, sea incapaz de comprender este estilo de vida, muy sacrificado, pero lleno de gloria e

    ilusión, al final del duro camino, la recompensa siempre nos espera, pero hay que ganársela. Ofrece a “la vida”, y “la vida”, te corresponderá

    con lo que merezcas. Esta última frase, llevo observándola desde mucho tiempo atrás, y parece que de verdad, funciona…

    Simplemente, muchas veces no paramos, no dedicamos esos minutos de atención a cosas tan “insignificantes” para algunos, como pueda

    ser, escuchar a la madre naturaleza, oir el suave fluir de un río cerca de ti, “sentir” como baten las alas cualquier ave que vuele bajo y cerca

    de tu posición, el sutil sonido que emanan varios tipos de insectos, el canto de los pajarillos… Todo ello, como bien te comenté alguna vez

    (creo recordar), te conduce a una dimensión en la que conviven en armonía el silencio de la palabra, con el sonido de la naturaleza o en mi

    caso, algunas veces, de “mi música”. Un estado de serenidad, paz, espiritualidad, bienestar, compañía, libertad…

    Sólo hay que pararse a escuchar, para notar que todo lo que te rodea, está vivo, que todo ápice de vida circundante, te acompaña en el

    caminar, que aun más grande sea la sentencia impartida, más grande son las cualidades a desarrollar, tanto como persona, como aplicable

    a cualquier otro ámbito cuya finalidad sea mejorarse a si mismo o impartir justicia.

    Cuando me recomendaste la lectura, en un primer momento, pensé que trataba sobre Josep, grata fue mi sorpresa cuando me percaté que

    ciertamente no era así. Me alegro que dejaras allí “la mochila de piedras” (con algo de ironía jej), yo hace mucho que ya tomé la decisión de

    ir soltando piedras en mi caminar (aunque no sé exactamente el por qué, pero siempre quedan…jej), y no dedicarle ni el más mínimo de

    atención, aunque su presencia sea constante y abrumadora, pero no por ello le permitiré que decida qué y cuando, quiero desarrollar en la

    vida.

    Sabes que no estoy ahí en el día a día, pero tu “persona”, no se olvida.
    La distancia y el silencio podrán hacer estragos, pero la sincera amistad jamás se disuade tras el ocaso del sol.

    Venero esa grandeza que portas, y me reflejo en ella en búsqueda de aprender un poquito más de esta vida que nos es ofrendada.

    Desde el magnificente silencio, tras los frondosos bosques asturianos, me despido de tí, hermano de guerra. El aire, el silencio, el agua, la

    paz que transmite la naturaleza, que te acompañen en el camino, como bien hacen en el discurrir, de mis ajetreados y breves días.

    La gratitud de ser comprendido ante un profundo silencio.

    Una vez más, que la naturaleza te acompañe cuando nadie pueda ocupar “ese” lugar. La vida reside en ella.

    Yo continuaré luchando día a día por atisbar mis metas, aunque me espere la muerte, sé que si pereciera en mi guerra, muchos hermanos

    me recordarán.

    Libertad.

  11. Gracias Turbo, siempre estas en el camino, aunque haya veces que no te vea.

    Aprendi contigo muchas cosas entre ellas el significado de la humildad…. humildad y pureza como muchas veces me has dicho.

    dices una frase que quien la siente posee el mejor de los tesoros…. el ser comprendido ante un profundo silencio.

    yo no te recuerdo, estas en mi, muchas de tus palabras en el camino viven en mi para siempre

  12. como bien dices, el mejor de los tesoros, compañero. 🙂

    Fracciones del tiempo que conducen a ello.

    Cuando necesites la compañía de mis palabras, sabes donde hallarme.

    En caso omiso, respetaré el respeto que otorga el silencio de tu comprensión.

    Deseos fugaces desde una estrellada y despejada noche de otoño.

  13. ¿PORQUE ME TENGO QUE QUERER?,

    para Rafa y demás lectores:

    – Porque soy la persona con quien tengo que convivir 24 horas al dia y 365 dias al año; des del nacimiento hasta la muerte… y más allá.
    – Porque soy aquello que mejor tengo para crecer como persona.
    – Porque soy feliz y no podré serlo, si no me quiero y no me acepto tal como soy, con mis virtudes y mis defectos.
    – Porque durante mi vida tendré que ayudar a los demas a ser más felices y solo podré hacerlo con lo que soy.
    – Porque soy la riqueza humana más grande que poseo. No puedo tener otra.
    – Porque soy el mejor regalo que puedo ofrecer a los demás.
    – Porque quererme y valorarme me puede hacer más feliz, darme paz y serenidad.

    ¿COMO PUEDO QUERERME?

    – Me tengo que conocer, ser consciente de todas mis posibilidades: físicas, manuales, intelectuales y espirituales.
    – Me tengo que aceptar tal como soy, con mis posibilidades y mis límites. Tengo que acerlo con realismo, sin orgullo, sin complejos de inferioridad y sin resignaciones que paralizan.
    – Tengo que trabajar i esforzarme por mejorar constantemente:
    — Hacer crecer lo bueno que tengo y desarrollar mis capacidades.
    — Eliminar los obstaculos y todo lo negativo en mi vida que me limita.
    — Con el bien que puedo realizar, intentar contrarestar los efectos negativos de mis límites y defectos.

    Josep Sansalvador

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