Monestir de les Avellanes, una hospedería monástica viva

Entrada del Monestir de les AvellanesLo cuento como lo viví: llegué con reservas y me fui pacificado de aquel rincón d’Os de Balaguer. O para que me entendáis, yo entré en el Monasterio marista de les Avellanes como un agitado urbanita un viernes y salí un sábado como un hombre reconciliado consigo mismo.

Penetré, por decirlo así, en una dimensión de la realidad que suele rechazarse, la del punto de vista religioso de los maristas, donde toda lógica del capital se supedita a los valores de la comunidad. Todo, decoración incluida, tiene un sentido, todo allí es símbolo. Es una hospedería (el descanso) monástica (el recogimiento) viva (la hospitalidad de dos comunidades maristas a pleno rendimiento en su monasterio).

Después de esas reservas iniciales, llego al Monestir de les Avellanes, a las puertas del Montsec, y la sensación dominante es que aquí no te puede ocurrir nada. “Bienvenido a esta santa casa”, me dice José Jorge, el gerente de la hospedería, nada más conocernos.

Claustre romànic del MonestirEl Monasterio queda a los pies de una carretera que lleva hacia el Montsec. “Eso son cosas de curas“, me dirá más adelante el hermano Miquel, en medio de una comida comunitaria, haciendo referencia a lo que dicen aquellos que pasan con el coche por al lado del monasterio y sin paran porque “desconocen qué pueden hacer dentro y que está abierto a todo el mundo”. Dos viñedos enteros, de los que se encarga el mismo hermano Miquel, flanquean la entrada a una plaza medieval. “Esos tres árboles son señal de bienvenida al peregrino”, me informa José Jorge, “y esas grandes puertas que ves colgadas en la pared son del s. XIV, símbolo de nuestro concepto de apertura, de hospitalidad”.

Església del MonestirAsí que no es necesario hospedarse como hago yo, aunque sea lo recomendable, porque cualquiera puede compartir conversaciones, conocimientos y actividades de naturaleza con los hermanos maristas, con los amigos o con la familia de cada uno. Pienso en que aquí todo es un símbolo, a diferencia de la ciudad que casi todo es banal, cuando José Jorge ya me ha llevado hasta el hall del Monasterio, viendo de refilón un claustro precioso, e intentando quedarme con todos los detalles históricos y culturales de la recepción.

Escala de l'enteniment del Monestir de les AvellanesNo hemos empezado la visita guiada por el Monasterio de les Avellanes con el hermano Serra cuando escucho “aquello es la escalera que simboliza la evolución del entendimiento de Ramón Llull (por eso los escalones son un poco más altos, porque requiere un esfuerzo), aquellos son los barrotes originales de la antigua cárcel, el arquitecto insertó en cada una de las cuatro paredes elementos de los distintos estilos de…”. Un mundo inabarcable en un espacio acogedor, el del hall, distribuye la curiosidad por todas las posibilidades del espacio.

HabitacióAntes de comenzar todas las actividades, me instalo en la habitación. Es sencilla, sobria, más tarde confirmaré que cómoda. “No tenemos minibar ni televisores porque no somos lo que no queremos ser. Nuestra función es transmitir la visión y los valores que nos definen, así que quien necesite ver la televisión o tomar algo puede hacerlo con el resto de la comunidad en el ‘Salón de los Monjes’, con sus amigos o con sus compañeros de trabajo si viene una empresa”, justifica el gerente.

Pero no tiene que justificarse, porque además de símbolos, en el monasterio todo es coherencia. Se trata de desconectar, de disfrutar y potenciar las relaciones a nivel humano, así que la habitación es todo lo que debe ser.

En adelante me espera un recorrido experiencial que excede el espacio de esta publicación, además de que son sensaciones inefables y deben ser vividas, más que descritas, de la misma forma que a un náufrago no puedes canjearle la explicación del agua por la experiencia de beberla.

Mare de Déu del Puig, 2012No sé si quedarme con el entorno, con los valores o con las actividades o con el descanso cuando descubro, ordenando las ideas para este artículo, que es un todo coherente, y que comentando algunas puedo sugerir el todo, que es inabarcable. Así que escojo el restaurante, pedazos de una interesantísima visita guiada y las conversaciones con los hermanos maristas mientras cenamos y desayunamos. Añado además una licencia: la visita de la iglesia en plena noche por ser la síntesis de la calma y el recogimiento que sólo aquí son posibles. Entretanto, verás pequeños destacados donde te informamos de qué puedes hacer en el Monestir de les Avellanes. Continua llegint